Parquímetro:

“…dícese del dispositivo ubicado en la vía pública que permite el ordenamiento y medición del estacionamiento en áreas definidas para ello. Su función es recolectar dinero a cambio del derecho de estacionar un vehículo en un lugar público, por una cantidad de tiempo…”

Canoa:

“…dícese de un bote relativamente pequeño que se mueve con la fuerza humana. Las canoas son puntiagudas en ambos extremos y usualmente abiertas por la parte de arriba…”

Hace unas semanas, en las fiestas de San Pedros de Zumaia, bajé a eso de las 12 a tomar una cerveza con los amigos, o mejor dicho a potear. Mi intención era aparcar en la Plaza de Amaia y luego ir caminando hasta el bar en el que había quedado.

La novedad en Zumaia es que ahora, en esa zona, para aparcar en la calle, es necesario pagar la OTA (O.R.A.), o al menos si no quieres llevarte luego una multa.

Tuve suerte, sobre todo para estar en fiestas, y aparqué rápidamente. Salí del coche y fui al parquímetro, o al menos donde creía recordar que ayer había un parquímetro. Estando en fiestas y en Zumaia, la verdad es que no estaba seguro si: i) el parquímetro estaba donde pensaba yo o ii) había bebido muchas cervezas el día anterior, con lo que podía confundir la calle en la que había aparcado. Sea como fuere, no tenía intención de arriesgarme a que me pusieran una multa, por lo que opté por pagar a través del móvil, pues me sonaba haber visto el día anterior una pegatina en el parquímetro, en el que se hacía referencia a una aplicación, que se llamaba ParkingLibre. No me acordaba de dónde había aparcado, pero si me acordaba del nombre de la aplicación. Como dice mi mujer, la memoria de los hombres es mejorable. Y como yo le digo a ella, las mujeres nunca olvidan…

Puede decirse que las tecnologías algunas veces están para ayudarnos, y en este caso, con la prisa que llevaba, necesitaba cuanta más tecnología mejor. Me descargué la aplicación, metí los datos de mi coche, seleccioné la ciudad en la que me encontraba. Hasta ahí supe contestar a todo, y pagué un par de horas, tiempo más que de sobra para tomar unas cañas, y luego ir al asador a comer.

Estando con mis amigos en el bar, veo a unas personas señalar hacia el paseo marítimo, donde poco a poco se van amontonando más personas. Como estamos en fiestas, salir a la calle con la cerveza está “permitido”, por lo que un amigo y yo decidimos ir a ver qué pasa.

Cuando llegamos a donde se arremolinaba la gente, nuestra sorpresa es mayúscula al ver a unos buzos sacando algo del mar. ¿Qué pensáis que era lo que estaban sacando los buzos? ¡El parquímetro que buscaba yo hace un rato!

Aparcar en Zumaia

¿Canoa o parquímetro?

Tengo que reconocer que por un momento me alegré, pues empezaba todo a tener sentido. El parquímetro que estaba buscando antes, era el que estaban ahora sacando del fondo del mar. Rápidamente sumé 1 + 1 y supuse que las fiestas estaban haciendo estragos en algunos, sobre todo en alguna cuadrilla, que supongo que, por la noche, molestos por la “sombra” del parquímetro, habían decidido reubicarlo, esta vez al fondo del mar. Luego pensé que no debía estar bien alegrarse por el mal ajeno, y supuse que a alguien, además de los que estaban sacando ese parquímetro, que poco tenía de canoa, debía molestarle. Entiendo que estas máquinas no deben de ser muy baratas, y que cada uno intenta ganarse como puede la vida. Mientras estaba yo en mis pensamientos, alguien comentó en voz alta: “¡parece que no flotan muy bien estos parquímetros…! ¡Mejor estarían todos ahí, en lugar de aquí arriba!”.

Aparcar en Zumaia

Los servicios de rescate sólo pudieron certificar su defunción. D.E.P.

Supongo que como gracia está bien, además en fiestas, la lengua se suelta, como realidad no tanto. Dicho esto, al final yo cumplí con mi parte y gracias a la APP de ParkingLibre pude aparcar en Zumaia. El ayuntamiento no tuvo ningún problema conmigo mientras tomaba una cerveza, y al parquímetro espero que lo sacaran, puesto que como canoa no parecía servir, y al sol pudiera volver a recuperar su virtud, sea la que sea…

NOTA: post basado en una historia real…